 | Diversos estudios muestran que comer pescado, sobre todo “azul”, dos o más veces por semana, ayuda a prevenir el daño pulmonar causado por el tabaco o el desencadenamiento de los síntomas asociados al asma, además de prevenir afecciones cardiovasculares. |
Esto se debería a que el pescado “azul”, tiene un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados. Dentro de la categoría de pescado “azul”, los menos grasos son el besugo, la trucha, el jurel, el pez espada y la palometa. Le siguen los pescados semi-grasos, como el bonito, las sardinas, los boquerones y las anchoas. Los más grasos son la caballa, el atún, el salmonete, el salmón, los arenques, las anguilas y las angulas. El pescado azul fresco es una buena fuente de potasio, pero también aporta otros minerales como yodo, fósforo y hierro, vitaminas A, B y D. El pescado azul es un alimento muy digestivo si se cocina con poca grasa: al vapor, asado, al horno o a la plancha. Si lo preparamos frito o en salsa, además de enmascarar su sabor, resultará algo más indigesto. Su contenido nutritivo se mantiene prácticamente intacto, sea cual fuere el método utilizado. Otros estudios realizados, indican que las personas fumadoras que consumen pescado dos o más veces a la semana sufren a lo largo del tiempo una menor reducción de su capacidad pulmonar que aquellos que fuman pero que no cuentan con este alimento en su dieta. Así se deduce su factor de inhibición de procesos inflamatorios relacionados con enfermedades respiratorias de tipo crónico. “Se sospecha que el efecto protector del pescado en fumadores puede deberse a su aceite, muy rico, sobre todo si se trata de pescado azul, en ácidos grasos omega-3”, En cuanto al asma, una investigación realizada e mostró que el pescado contribuye a evitar o paliar los ataques de esta patología, cuyos síntomas son las dificultades respiratorias.
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