Adelgazar
 
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Beber para vivir PDF Imprimir
Calificada como fuente de vida y sinónimo de abundancia y prosperidad, las plantas, los animales y los seres humanos se asientan y desarrollan cerca o bajo su protecciónImage

Sin ella, la vida no sería posible. De hecho, más de la mitad de nuestro peso es agua. Pero, ¿cuáles son sus funciones concretas?, ¿qué cantidad diaria es recomendable para gozar de buena salud?, ¿por qué se produce la sed?, ¿cómo influye en nuestro bienestar?

Esta sustancia incolora, insípida e inodora  permite que el cuerpo se construya tal como es, con todos sus órganos y tejidos. El agua interviene en todos los procesos metabólicos y orgánicos, y en las reacciones químicas que se producen en el organismo. Además, conduce los nutrientes al interior de las células y les proporciona oxígeno. Funciones como hacer la digestión o respirar no se podrían llevar a cabo sin ella.

El agua está presente en la sangre, en los jugos gástricos y, por supuesto, en la orina y las heces. Además de las funciones de proporcionar y formar, tiene como misión retirar del organismo las sustancias de desecho.

También, el agua es la encargada de regular la temperatura corporal, a través del sudor.

La sed: un mecanismo de defensa

Cuando nuestras reservas de agua están bajo mínimos, el cuerpo avisa a través de la sed, un mecanismo fiable que nos alerta que la deshidratación está a punto de producirse.

La hormona responsable de la sensación de la sed se llama angiotensina y reside en el cerebro. Además de avisar que debemos beber, nos informa de que esta necesidad ha sido satisfecha.

En condiciones normales, debemos consumir entre dos y tres litros. Hay que tener en cuenta que beber agua por encima de las demandas del organismo no tiene beneficios extra: el cuerpo eliminará la que le sobra, arrastrando sustancias que sí necesita. Una persona no aguanta sin tomar agua más allá de tres o cuatro días, un periodo que sí puede superar sin probar alimento.

El agua mineral: una buena alternativa

Cuando el agua del grifo no resulta agradable por su sabor o no es apta para beberse, podemos elegir el agua embotellada, procedente de acuíferos subterráneos y con una concentración variable de sales minerales.

Hay varios tipos de aguas minerales. Las bajas en sodio y calcio permiten no agravar problemas de hipertensión o de cálculos renales, respectivamente. Por el contrario, las que son ricas en flúor posibilitan una mejor la salud de la dentadura.


Si nos cuesta beber agua, los zumos naturales y las infusiones pueden ser una ayuda para llegar a las cifras de consumo recomendadas, sin olvidar que nunca deben sustituirla por completo.

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