 | El sol está oculto ahora; ¿has aprendido a calentarte por tí mismo? Somos un pequeño universo donde se interrelacionan inseparablemente el cuerpo físico, mente, emociones y sentimientos. Todos cambiantes, como el clima y las estaciones del año. |
Y en cada estado se abre la posibilidad de detenerse interiormente y vivir desde el silencio mental conectando con el Ser.
El tesoro del invierno
El tesoro del invierno es aprender a sacar la energía de tu propio pozo. Encontrar tu fortaleza. Purificarse para dejar hueco consciente al Ser. En la naturaleza la semilla se prepara para pasar el Invierno; es momento de disfrutar de lo más íntimo de nosotros mismos. Así, cuando el niño resurja en Primavera estaremos preparados para brotar. El paso de los años nos enseña el valor de lo imprescindible: un cuerpo sano, mente calmada y en orden, las emociones comprendidas y permitidas... vivir el presente pues es lo único que existe. Y si la madurez dio sus frutos, reconoceremos la semilla que late en nosotros, como la flor fructificó y en ella habitó la simiente. Esencia pura que contiene la posibilidad... El cuerpo físico, Procura consumir alimentos saludables, evitando los excesos y lo que te siente mal. Fortalece y flexibiliza el cuerpo con gimnasia, estiramientos, yoga..., un ejercicio que te resulte afín. La voluntad es la capacidad de sostener nuestras decisiones. Superar retos nos acostumbra a ejercerla. También has de poner orden en tu mente. Límpiala de pensamientos negativos, juicios y cualquier creencia que impida una percepción limpia de la realidad. Para acercarte a la visión clara, evita la tergiversación; no te engañes ni engañes a los demás.
Aprecia el valor de las cosas; prescinde de lo innecesario y no des alas a los deseos. Acepta lo que te traiga la vida sin huir de lo desagradable; observa todo con la misma neutralidad.
Disfruta del silencio, rodéate de él y permite que se adueñe de tí. Medita; detente en silencio sin objetivo. Cierra los ojos y siéntete.
Pero procura no convertir la disciplina en rigidez, intolerancia o dogmatismo. Que tu fuerza y certeza no te arrastren hacia el desprecio al débil o ignorante, que el silencio no te incomunique ni la frialdad borre tu compasión.
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