| Un remanso de paz en el que retirarse a contemplar en silencio y recordar, en el declinar del año, el ciclo que termina. Comprendiendo el lugar que todo ocupa en la Creación; que no hay actividad sin descanso, ni euforia sin serenidad. |  |
Un lugar también interior para recapitular y encontrar qué es lo que realmente queremos.
El año se acerca a su término y las lluvias terminan con el Estío. Las hojas en los árboles amarillean preparándose para el sueño invernal. La luz disminuye y la atención se dirige hacia dentro. Es momento de recogerse, revisar lo antiguo y prepararse para la renovación desprendiéndose de lo que sobra o estorba. El sufrimiento
En ocasiones, sentimos la necesidad de detenernos, descansar y desde la quietud reconsiderar lo hecho y experimentado. La melancolía tan asociada a estas fechas. El déficit de energía puede deberse a agotamiento físico, o falta de algún alimento esencial (determinados oligoelementos o vitaminas, la propia luz del sol...), y la tristeza posarse como un manto oscuro. La melancolía tan asociada a estas fechas. O también puede ser existencial: precisamos un cambio y al no hacerlo consciente aparece la señal de alarma; una desazón, un anhelo oculto sentido en el centro del cuerpo que nos fuerza a cambiar. Y a fuerza de no atendernos aparece la insatisfacción y apatía; nos quedamos sin fuerzas para salir de la confusión y terminar con lo que nos pesa. Meditación en el agua Para adentrarse en la serenidad, puerta para discernir con claridad y recuperarse. Lo ideal sería buscar un curso de agua o estanque, al atardecer y en el campo. Adoptando una postura de meditación (espalda erguida, hombros caídos y relajados, barbilla ligeramente metida hacia dentro), fija la mirada en el agua, sin apartarla, procurando mantener el cuerpo y la mente quietos, centrado en la respiración, calmada y profunda (mínimo 11 min.). De estar en casa, coloca frente a tí un cuenco (mejor de vidrio transparente) colmado hasta el borde de agua. Aquietadas las emociones podemos repasar nuestras acciones y relaciones y soltar con el perdón los daños que acarreamos en el recuerdo como lastres dolorosos.
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