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El placer biológico por la música |
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| Todo parece indicar que hace millones de años y cuando aún el hombre no hacía parte de las especies que poblaban la tierra ya los animales componían y se deleitaban con la música. |  |
Y hace centenares de miles de años el hombre fabricaba instrumentos musicales. Por ejemplo, se han descubierto hace poco, en Francia y en Eslovenia, flautas elaboradas de huesos de un sofisticado diseño, capaces de producir sonidos dulces y versátiles aún hoy 53.000 años después. El análisis de los sonidos emitidos por una variedad de animales, entre ellos ciertas especies de pájaros y las ballenas, indica que no son incoordinados ruidos sino melódicos sonidos que tienen la cadencia musical de las composiciones realizadas dentro de ciertos cánones por los Mozart y los no tan geniales. La ballena "compone" en secuencias de un rango de siete octavas y su mosica rima de una manera nemónica o nemotécnica fácil de recordar y reproducir -lo que parece buscar el animaló. Igual hacen los pájaros los cuales componen en la escala pentatónica en escalas de cinco notas.
Aunque el motivo "práctico" de las investigaciones ha sido la electrofisiología comparada sus observaciones sobre la biomusicología de las ballenas tienen igual trascendencia en el campo de la biología comparada. Los conciertos de las ballenas grabados han sido escuchados y admirados en todo el mundo. En la reciente Feria Mundial de Hannover, desde una boya ubicada en la Bahía de Málaga del Pacífico y por vía satelital, a través de Internet y de llamadas telefónicas, aproximadamente 15 millones de personas pudieron deleitarse con la música de las ballenas.
Compartimos con las otras especies animales el gusto por la música y, al menos los dotados, la capacidad de componerla, pero dónde radica en el cerebro el centro de la música, si es que existe? En verdad no se sabe todavía y el asunto es materia de controversia. El apasionante tema es motivo de análisis por parte de los neurobiomusicólogos. |