| No todos están registrados como medicamentos y muchos de ellos se venden libremente como alimentos. |  |
Se consiguen en diferentes presentaciones. Polvos, tabletas, cápsulas, jarabes, comprimidos, elíxires, grageas, inyecciones, píldoras y líquidos brindan la posibilidad de sustituir, reemplazar o agregar en la dieta habitual algún alimento que normalmente no se consume o del cual hay deficiencia en el organismo por distintas circunstancias. En todas partes se recomiendan. Sin embargo, la clave para consumirlos está en que sea un nutricionista o un médico quien los prescriba. Es claro que si una persona tiene una alimentación balanceada, no requiere de estos productos, pues no tiene déficit en los nutrientes que necesita el organismo. No obstante, mucha gente los toma sin recomendación médica. Sin darse cuenta de lo perjudicial que es para su salud.
Los suplementos Son productos que contienen nutrientes en proporciones adecuadas para una dieta. Pueden reemplazar total o parcialmente la alimentación de una persona, dependiendo de la cantidad de alimentos que esté comiendo a diario. Los deben consumir aquellos individuos que por enfermedad o por su estilo de vida no pueden tomar todos los nutrientes a través de una alimentación normal.
En todo caso, siempre que se utilice un suplemento debe ser formulado por el médico o el nutricionista. Cuando se consumen suplementos se ingieren proteínas, carbohidratos, grasas y vitaminas. Los más recomendados para la población trabajadora o ejecutivos son aquellos ricos en fibra que ayudan a una buena digestión, dan sensación de saciedad y evitan el hambre. No se recomienda su consumo a quien no los necesita, pues uno de sus efectos más comunes es el incremento de peso. Lo más importante es consultar a un experto para saber si se debe o no consumir un suplemento, y cuál debe tomar. Los complementos Son productos que contienen uno, dos o hasta tres nutrientes. Sirven para completar el aporte de esos elementos en la dieta del individuo. Deben consumirlos personas que tienen deficiencia específica o necesidades aumentadas de algún nutriente, por ejemplo madres embarazadas, pacientes que se someten a quimioterapia y necesitan aumentar el ácido fólico, etc. Están contraindicados a toda persona que no los necesita y los consume por recomendación de terceros (no de médicos) sin necesidad. Por ejemplo, se cree que es bueno que las mujeres en embarazo y menopáusicas aumenten el consumo de vitaminas (E, A, calcio, complejo B, hierro), pero estudios recientes demuestran que consumirlas en exceso, sin control, eleva el riesgo de enfermedades. Quienes padecen trastornos del hígado o los riñones deben tomar estos complementos bajo control médico. Debido a la falla de estos organos y las consecuencias que puede acarrear.
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